¿O solo es que cuando todo está bien y las cosas fluyen como queremos, nuestra mente olvida esos pensamientos negativos?
Esta nueva idea modernista de que lo que te pasa es porque queres que te pase, nos hace nuestros propios jueces y verdugos. Nos hemos convertido en esclavos de nosotros mismos. Cuando vemos las cosas no del todo como queremos, además de pasarlo mal ¿tenemos que aceptar que la culpa es nuestra?
Justo en ese momento, cuando todo está al revés, además de cargar con la preocupación del hecho, tendremos que enfrentar el deber de ponernos a la tarea de pensar y analizar ¿cuándo es que pensamos tan mal, como para que las cosas salgan así?
Y ahí es cuando no cierra el relato. Nadie pensaría mal una idea propia. Y si así fuese, no la ejecutaría hasta tanto estar seguro de no fracasar.
¿A quién se le ocurre pensar que alguien pensando negativamente algo, de todos modos lo hace? ¿Cómo no darse cuenta de estar afectando negativamente una idea, antes de empezar a concretarla?
Siguiendo tal lógica, además de responsables, que ya es una carga bastante pesada de llevar, el fracaso nos convierte en estúpidos. Porque no solo las cosas no resultaron como queríamos, si no que además ya habíamos pensado que iba a ser así, y de todos modos seguimos adelante con una idea que de antemano sabíamos que no iba a resultar.
¿Tan idiotas podemos ser?