Recorrida

12:54 – Linda hora para un trago!...dijo y emprendió su viaje al bar.
En el camino se cruzó con dos viejas, que por algo reían. Y al verlo venir se cambiaron de vereda para no cruzarlo.
En la esquina el policía se chamuya un canillita para saber las noticias de hoy sin invertir en eso un par de monedas.
La parada de colectivo, que junta más de diez con cara de preocupados. Y el taxi que pasa libre y despacito buscando su próxima victima.-
Más adelante los escolares, riendo a los gritos, sin una pizca de vergüenza. Un vendedor ambulante que intenta mentir mejor que ayer, para llevar un plato de comida a sus pequeños que esperan. La canción de fondo de alguna disquería, le pone aun más melancolía a este mediodía lluvioso de invierno en el sur.
El humo denso, celeste del auto que acelera roncando fuerte, consumiendo más que aceite intoxica el ambiente de un pueblo que supo ser mejor.
La señora de apellido, a la que todos conocen, barriendo la vereda de una tienda de renombre, que tiene más tierra e historia que clientes habitúes.
Lo saluda amablemente un ciudadano cualquiera, que parece ser de algún lado conocido, y aunque él no lo recuerda, solo sea por cortesía, le devuelve ese “Buen día” que dibuja en su rostro una sonrisa.
Y por fin! Después de tanto, el cartel que se le asoma, anunciando su llegada al barcito tan querido. A medida que se acerca, va calmando ya su antojo, imagina entre sus manos un vinito tinto rojo.
Pero como dice el dicho, Él propone y Dios dispone. Un cartel asesino de ilusiones, que pende de un hilo sobre la vieja puerta vieja de madera. “Cerrado”dice mi amigo!...”Abre después de la siesta”
Ya sin fuerza y sin motivos, el cansancio lo ha vencido. Empieza entonces la espera, sentadito en la escalera…porque no se anima a volver.